
Otra vez era la misma arena, otra vez éramos él y yo y la contingencia de su risa. La brisa de otra agua y el olor al mismo mar. Otra vez somos dos cuentos, pero ahora los dos conocemos aquello que el pasado del otro oculta. Otra vez mando los sueños al cielo, pero esta vez nada los hace aterrizar. Es bonito no mirarnos y saber que no es necesario hacerlo. A veces te miro de costadito, casi sin que te des cuenta. Te miro como cuando te miraba cuando ni sabía que te podría querer. Yo te sigo mirando y ahora son tus ojos los que hacen al cielo eterno. Sé que no estás, y es inevitable quererte de vuelta. Me acerco despacito, casi tan despacio como la puesta de sol, y poso mis labios sobre la piel de tu rostro, sobre el punto más cercano desde mi corazón hasta el tuyo. Susurro una risa y tú la amplificas. Ahora somos en voz alta, ahora hablamos. Hablamos mirando al piso que es de arena y al techo que es de mar. Qué importa a dónde miremos si igual nuestras voces se encuentran sobre nuestras cabezas o debajo de ellas. Es como si, sobre el aire, mi voz hiciera el amor con tu voz. Es la despersonificación de un idioma que es tan tuyo como mío y de nadie más. De la voz pasamos a la risa y ahora yo me quiebro ante la inercia de tu boca. Es curioso que estemos así. Es curioso que sólo tú hayas logrado levantar el velo de mi timidez. Es curioso que todo lo haya aprendido contigo. Parece ser que sí comprendiste la receta de una paciencia sólida, pues siempre sonreíste ante la torpeza de mi amor que no es mío sino tuyo. Me gusta acomodar el pelo que cae sobre tu frente. Las palabras se nos agotan y eso hace más fácil el abrazo, y del abrazo al sueño y en el sueño podemos soñar que soñamos. Y es bonito cerrar los ojos cuando no se duerme y solo escuchar. Ahora duermes y yo te miro. Mientras duermes es fácil jugar con tu boca, es fácil acomodar tu pelo y tratar de interpretar tu sonrisa. Mientras duermes, eres frágil y yo no hago más que acariciar tus límites inmediatos. Tengo miedo, creo que nunca te lo dije. Lo que siento es tan real que resulta inverosímil. Yo no sé cómo he podido enamorarme así. Enamorarte así. Y enamorarnos de la misma manera. Hace dos años planteamos la ecuación de un secreto. Hace dos años me derretiste junto al sol. Hace dos años tuve miedo y ahora el miedo es el mismo. Mientras duermes, siento que mi miedo se evapora con tu respiración. Ya es de noche y ahora yo sonrío. Nunca voy a entender cómo he podido enamorarme así, y eso es lo mejor de todo.
*Starry night over the Rhone, Vincent Van Gogh